jueves, 15 de diciembre de 2011

Surcore.


Noches, días, soledad, angustias, vida, para muchas personas eso es vida,
¿Y qué tal si la vida fuera algo más que una cicatriz abierta? Dónde el dolor no importa sino la huella.
Detrás de cada puerta, de cada cocina, de cada manzana dónde habita un gusano llamado sociedad, dónde la discriminación por raza es más común que el silencio entre los muertos.
¿Qué tal si habría muerto? El día que nací, la muerte ya me esperaba impaciente detrás de una arma blanca, camuflada en una sonrisa falsa.
Cada familia, cada hogar, cada corte, cada comida en la que no estuve y cada lágrima que derrame,
Cada mirada que no obtuve, cada abrazo que regale.
¿Cómo olvidar mi raíz? Si esa raíz formo parte de mi sangre que derrame, quizás no en la historia pero formo parte de la mía.

Amigos, que a los ojos de la sociedad eran vistos como indecentes y vagos, que al final de camino demostraron ser los más humanos,
La música, el arte, para pintar paredes tenias que esconderte, mientras la violencia se practicaba a plena luz del día.

Mientras tú pensabas, yo actuaba,
Mientras tú huías, yo enfrentaba,
Mientras tú celebrabas año nuevo, yo vestía de negro,
Mientras tú llorabas por algo material, yo lloraba por una vida.

Y al final de todo

Mientras tú dormías, yo vivía.


Este Poema va dedicado para Sebastián Acosta,
Y en memoria de su amigo.

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